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    May 20

    NERUDA

    .
    Para mi corazón basta tu pecho,
    para tu libertad bastan mis alas.
    Desde mi boca llegará hasta el cielo
    lo que estaba dormido sobre tu alma.
    .
    Es en ti la ilusión de cada día.
    Llegas corno el rocío a las corolas.
    Socavas el horizonte con tu ausencia.
    Eternamente en fuga como la ola.
    .
    He dicho que cantabas en el viento
    como los pinos y como los mástiles.
    Como ellos eres alta y taciturna.
    Y entristeces de pronto, como un viaje.
    Acogedora como un viejo camino.
    Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
    Yo desperté y a veces emigran y huyen
    pájaros que dormían en tu alma.
    May 13

    Amor más poderoso que la muerte

    Conde Niño por amores
    es niño y pasó a la mar;
    a dar agua a su caballo
    la mañana de San Juan.
    Mientras el caballo bebe
    él canta dulce cantar;
    todas las aves del cielo
    se paraban a escuchar,
    caminante que camina
    olvida su caminar,
    navegante que navega
    la nave vuelve hacia allá.
    La reina estaba labrando,
    su hija durmiendo está:
    -Levantáos, Albaniña,
    de vuestro dulce folgar,
    sentiréis cantar hermoso
    la sirenita del mar.
    -No es la sirenita, madre,
    la de tan bello cantar,
    sino es el Conde Niño
    que por mí quiere finar.
    ¡Quién le pudiese valer
    en su tan triste penar!
    -Si por tus amores pena,
    ¡oh, malhaya su cantar!
    y porque nunca los goce
    yo le mandaré matar.
    -Si le manda matar, madre,
    juntos nos han de enterrar.
    Él murió a la medianoche,
    ella a los gallos cantar;
    a ella como hija de reyes
    la entierran en el altar,
    a él como hijo de condes
    unos pasos más atrás.
    De ella nació un rosal blanco,
    de él nació un espino albar;
    crece el uno, crece el otro
    los dos se van a juntar;
    las ramitas que se alcanzan
    fuertes abrazos se dan,
    y las que no se alcanzaban
    no dejan de suspirar.
    La reina, llena de envidia,
    ambos los mandó cortar;
    el galán que los cortaba
    no cesaba de llorar.
    De ella nació una garza,
    de él un fuerte gavilán,
    juntos vuelan por el cielo,
    juntos vuelan par a par.

     
    May 08

    Constantino

    ITACA

     

    Cuando emprendas tu viaje a Itaca
    pide que el camino sea largo,
    lleno de aventuras, lleno de experiencias.
    no temas a los lestrigones ni a los cíclopes,
    ni al colérico posidón,
    seres tales jamás hallarás en tu camino,
    si tu pensar es elevado, si selecta
    es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
    Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
    ni al salvaje Posidón encontrarás,
    si no lo llevas dentro de tu alma,
    si no los yergue tu alma ante tí.

    Pide que el camino sea largo.
    Que sean muchas las mañanas de verano
    en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
    a puertos antes nunca vistos.
    Detente en los emporios de Fenicia
    y hazte con hermosas mercancías,
    nacar y coral, ámbar y ébano
    y toda suerte de perfumes voluptuosos,
    cuantos más abundantes perfumes voluptuosos puedas.
    Ve a muchas ciudades egipcias
    a aprender de sus sabios.

    Ten siempre a Itaca en tu pensamiento.
    Tu llegada allí es tu destino.
    Mas no apresures nunca el viaje.
    mejor que dure muchos años
    y atracar, viejo ya, en la isla,
    enriquecido de cuanto ganaste en el camino
    sin aguardar a que Itaca te enriquezca.

    Itaca te brindó tan hermoso viaje.
    Sin ella no habrías emprendido el camino.
    Pero no tiene ya nada que darte.

    Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
    Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
    entenderás ya qué significan las Itacas.

     

    May 05

    Itaca

    38.35/28º21"
    20.65/20º39"
     

         “Pero atadme con fuertes lazos, de pie y arrimado a la parte infe­rior del mástil para que me esté allí sin moverme... Y en el caso de que os ruegue o mande que me sol­téis, atadme con más lazos todavía.”

                                                  (Odisea, Canto XII, líneas 158-161)